Robert Eggers se ha consolidado como uno de los directores más interesantes de los últimos años. Al sólido trabajo mostrado en La Bruja y El Faro, este 2025 sumó el remake de Nosferatu, protagonizada por Bill Skarsgård, Nicholas Hoult y Lily-Rose Depp.
El film, inspirado en la novela de Drácula, relata la historia del matrimonio de Ellen y el agente inmobiliario Thomas Hutter, quien debe viajar hasta Transilvania para cerrar la venta de un maltrecho castillo al misterioso y reclusivo Conde Orlok.
La película es un espectáculo audiovisual de alto nivel. La dirección de fotografía, a cargo de Jarin Blaschke -nominado al Oscar a Mejor Fotografía por El Faro- es una clase magistral de destreza y buen gusto. La paleta de colores, los contrastes y el trabajo de luces y sombras hacen obligatorio verla en el cine para poder disfrutar al máximo el trabajo de Eggers y Blaschke en este apartado. En el circuito de festivales, Nosferatu ha recibido los premios a mejor fotografía y sería de toda justicia que esté nominada en los próximos Oscars.
Nota aparte para las actuaciones. Lo de Nicholas Hoult ya es consagratorio. Viene de una actuación soberbia en Jurado #2 -la última de Clint Eastwood- y ahora entrega una performance imperial en Nosferatu que lo termina de confirmar como uno de los actores más atractivos del último tiempo. Lily-Rose Depp, después de algunos pasos en falso, ofrece una cautivadora actuación de amplio rango. Willem Dafoe vuelve a colaborar con Eggers, y aunque en un rol secundario, cumple a cabalidad.
Este largometraje, si bien responde al canon del cine de terror, no cae en las caricaturas del género y se mueve con fluidez entre el suspenso y la inevitable aparición de Nosferatu: mención para Bill Skarsgård, quien ofrece una versión renovada y no por ello menos terrorífica del vampiro.
Decir más es redundante: el diseño de vestuario, sonido, montaje y diseño de producción son extraordinarios y el trabajo de Robert Eggers es magistral. Gran película para empezar el 2025.








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